Su expulsión de la universidad llegó pronto. Su familia se sintió avergonzada por sus actuaciones y su esposa e hijos lo abandonaron. Para poder subsistir tuvo la necesidad de mendigar por las calles de Caracas.
Para un hombre que venía de abajo, de una lejana provincia de Venezuela llamada Guaranito, y que se había convertido en una eminencia científica, había recibido todos los honores y gozaba de una solvencia económica estable, fue muy duro el golpe del descrédito y la expulsión de su amada universidad.
Fueron treinta años dedicados a la docencia y la investigación y, de repente, todo se derrumbó.